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31/3/11

ilusión

FOTO: http://diegozurdo.blogspot.com/2008/07/pareja-de-ancianos.html

Hace unos días, esperaba en la puerta de casa mientras bajaba Carlos, y me entretuve viendo a la gente pasar. Hacía sol, y eso hace tirarse a la calle al más casero y a la más hogareña, así que había trajín en las aceras. Mi sopresa vino, cuando un hombre con gabardina fina, que había dejado atrás los 80, estoy segura, caminaba a paso lento, y en su paseo iba hablando. Me imagino que consigo mismo, porque es una habilidad que dan los años, hablar con uno mismo en voz alta, sin importar la compañía y el lugar en el que te encuentres (también, entre otras habilidades que da cumplir años incluyo colarse en la cola del super).

Pero no fue eso lo que me hizo sonreir, sino lo que decía: "¡Qué alegría tan grande, el ver a la juventud, con esa ilusión tan grande!" Eso iba diciendo. Me lo repetí un par de veces para no olvidarlo, y después de repetirlo (mentalmente, no he cumplido tantos como para hacerlo en voz alta en la calle) me hizo pensar.

Todo esto pasó en apenas dos minutos, lo que tardó Carlos en subir a por el ordenador, que se le había olvidado y bajar de nuevo.

Me hizo pensar que sin ilusión estamos perdid@s, porque es la ilusión la que alimenta la esperanza para que podamos caminar.

20/2/11

Ese hilo que te une al pasado..

Hace muchos años, pasaba los sábados con un grupo de tiempo libre. Unas navidades fuimos a un hogar para personas mayores a cantar unos villancicos e intentar hacer que pasaran un buen rato. Recuerdo que todo el cariño que recibí fue inmenso y recuerdo que lloré; y me juré a mi misma que no quería que mis mayores estuvieran sólos en una residencia. No sé cuántos años tendría pero no llegaba a los 11.

Los caminos de la vida quisieron que, bastantes años más tarde, trabajara durante unas navidades en una residencia, en la recepción. Y con algunos años más, entendí que hay situaciones y situaciones; y que en muchas ocasiones, las familias no tienen otra opción. Y son las que no tienen otra opción, las que realmente se vuelcan y cada vez que podían estaban allí con ellos. Pero me llenaba de impotencia observar que había mayores a los que en todo el tiempo que yo estuve allí, nunca les fueron a visitar. Y el dolor se les veía en los ojos. Y aunque el alzheimer había borrado sus recuerdos, los rostros de sus familiares, la hora del día que era, o si comíamos o cenábamos; no se borraba la tristeza de su mirada.

Conseguí reconciliarme con las residencias de mayores después de este trabajo; guardo muchas sonrisas y charlas con los mayores. Guardo el cariño que se regalaban mutuamente mayores y trabajadoras, supliendo estas últimas a hijos, hermanas, sobrinos, nietas.. en muchas ocasiones.

Siempre he sentido una admiración profunda a todas las abuelas y a todos los abuelos. Tuve la suerte de tener a mi abuelo hasta el año 2009 conmigo. A mis dos abuelas y a mi otro abuelo, o no les conocí o era demasiado pequeña.

Y es por eso, que tengo una envidia sana a los que disfrutan de la compañía de sus mayores, ese hilo que te une al pasado y que hace de libro viviente.

A los que podéis, escuchad y observad. Y siempre que podáis sentaos a charlar.

Lucho con mi memoria día a día para no olvidar los cuentos de mi abuelo. Sigo echándole de menos.